18 feb. 2016

Hummus

Este plato, popularísimo en todo el Magreb, Egipto y Oriente Medio, es muy fácil de preparar y trae mucha satisfacción. Además, es una manera excelente de consumir una legumbre sana y nutritiva como el garbanzo para quien no le gusten los platos de cuchara típicos de la gastronomía española, como nuestro cocido lebaniego. La receta que os presento hoy es la marroquí, con ajo, pero a falta de pan de pita, que es lo tradicional para comerlo (fresco o tostado), la he acompañado con unos totopos mexicanos. ¡Cocina fusión! Para el que no lo sepa, los totopos son la versión original y casera de los nachos (tortilla chips). Para el plato de las fotos utilicé una tortilla con picante, que le da un toque aún más vivaz al hummus (que lleva ajo y limón). Esto parece una herejía, pero en España no es corriente tener pan de pita a mano. Mucha gente en España come el hummus con totopos o, incluso, con nachos.

A mí me gusta el hummus potente, así que utilizo la dosis completa de ajo recomendada en Marruecos y una variedad de tahine tostada. Si preferís un hummus más suave y claro de color, podéis reducir el ajo (quitarle un diente, por ejemplo) y usar tahine natural (a base de sésamo sin tostar).

El tahine (también llamado tahini o tahina) es una pasta de sésamo que cuesta un poco encontrar en supermercados, pero es un producto habitual en herboristerías, donde además tenéis la ventaja de que os ofrecerán un producto de buena calidad, sin colorantes ni conservantes. Es un poco caro, pero cunde mucho y se conserva durante mucho tiempo en la nevera una vez abierto el tarro.

El ingrediente principal es el garbanzo, bien cocido, que puede ser de bote a condición de lavarlo bien previamente (pero bien). No es que la sustancia que envuelve los garbanzos envasados suponga ningún problema en el sentido de que no es nociva; en teoría no es nada de lo que haya que preocuparse, pero puede afectar al sabor y a la consistencia del plato. Yo siempre lavo bien las legumbres después de sacarlas del tarro, dentro de un colador grande, bajo el grifo, hasta que no salga más espuma. Además, esta sustancia suele ser rica en sal y otros compuestos de sodio conservantes, así que es mejor prescindir de ella. La sal ya la pondremos nosotros si queremos. Si cocemos el garbanzo, tendremos que esperar a que se enfríe y pelarlos, lo cual puede ser tedioso. Esta es la razón por la que suelo usar garbanzos en conserva. La diferencia es prácticamente inapreciable. Si nos ponemos muy exquisitos, y creo que esta es nuestra obligación como gourmands, con el garbanzo cocido y pelado en casa se supone que sale más cremoso y, además, podemos usar parte del agua de cocción (con 50 ml basta) para ayudarnos a triturar los garbanzos con la batidora si no tenemos un vaso triturador potente tipo Thermomix (que sería lo ideal).

Con una batidora de mano, ir echando unas gotas sirve de ayuda a medida que se va triturando.

Ingredientes:

  • Medio kilo de garbanzos cocidos
  • Zumo de dos limones (tres, si son pequeños)
  • Tres cucharadas de tahine (sin colmar, o tres cucharaditas colmadas)
  • Tres dientes de ajo (dos, si lo prefieres más suave)
  • Media cucharadita de sal (o una, depende del gusto)
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Perejil fresco (opcional)

Preparación:

  1. Cocer los garbanzos con sal durante una hora. Escurrir, reservando un vasito del agua de la cocción. Triturar los garbanzos hasta crear un puré homogéneo.
  2. Añadir el tahine, los dientes de ajo pelados y machacados, el zumo de limón y la sal. Batir hasta que quede cremoso.

Se puede servir inmediatamente o enfriarlo en la nevera para consumirlo fresquito, que está delicioso, con pan de pita o algún snack crujiente para “dipear”.

Hay muchas maneras de emplatarlo. En Marruecos se suele hacer como un volcán, echando el aceite en el cráter y espolvoreando con perejil fresco bien picado. Yo he optado por echar un par de cucharadas sin gran ceremonia y clavarles unos totopos.

Nota: Ojo al freír los triángulos de tortilla para hacer los totopos, porque se pueden quemar en pocos segundos. Mejor en freidora con cesta, para poder meterlos y sacarlos rápidamente antes de que se quemen, porque se hacen casi instantáneamente. Una vez fritos, dejadlos sobre papel absorbente para que éste chupe el exceso de aceite.

14 feb. 2012

Ritual del julepe de menta


La lectura de la novela de aventuras Escuela de Robinsones, de Jules Verne, en la que el náufrago profesor Tartelett recuerda con añoranza los cocktails que solía degustar en las barras de su querida San Francisco, me ha llevado a interesarme por uno en concreto: el julepe de menta, y al descubrimiento —si cabe, tan delicioso como el propio brebaje—, de esta sabrosa receta escrita en 1937 con el estilo risueño, elegante y ligeramente zumbón típico de los caballeros del Sur como Mr. Simón Bolívar Buckner, su autor, un destacado militar estadounidense que falleció, desgraciadamente, durante la batalla de Okinawa en 1945, mientras comandaba a las fuerzas terrestres encuadradas en el X Ejército de los EEUU, convirtiéndose así en el oficial de EEUU de más alto rango muerto en combate durante la II Guerra Mundial.

Me ha agradado tanto el humoroso estilo del teniente general Buckner que no he podido sino traducir la carta y compartirla en este blog. Espero que os guste.



Esta es una copia de una carta del teniente general Simón Bolívar Buckner, Jr., de los EEUU (IMV1 -1906, West Point -1908, muerto en Okinawa el 18 de junio de 1945), al Mayor General Wm. D. Connor, superintendente de la Academia Militar de los EEUU en West Point, fechada el 30 de marzo de 1937. Su padre, el general Simón Bolívar Buckner, estuvo al mando de patriotas de la CES2 de Kentucky [durante la Guerra de Secesión].

Mi querido General Connor:

Su carta solicitando mi fórmula para combinar julepes de menta me deja en la misma posición en la que el capitán Barber se encontró cuando se le preguntó cómo fue capaz de tallar la imagen de un elefante a partir de un bloque de madera. Dijo que era un proceso simple, consistente simplemente en retirar la parte de la madera que no se parecía a un elefante. (!)

La preparación de la quintaesencia de las bebidas para caballeros puede ser descrita sólo en términos similares. Un julepe de menta no es el producto de una fórmula. Se trata de una ceremonia y debe ser realizada por un caballero que posea un verdadero sentido de lo artístico, una profunda reverencia por los ingredientes y una apreciación adecuada de la ocasión. Es un rito que no debe ser confiado a un novato, ni a un estadístico, ¡ni a un yanqui! Es una herencia del Viejo Sur; un emblema de hospitalidad y un vehículo en el que las mentes nobles pueden viajar juntas por los floridos caminos de un pensamiento feliz y cordial.

Por lo que a la simple mecánica de la operación se refiere, el procedimiento, despojado de sus adornos ceremoniales, puede describirse como sigue:

Vaya a un manantial donde el agua fresca y cristalina bulla por debajo de una ribera de helechos cubiertos de rocío; en una vasija consagrada, vierta un poco de agua de la fuente. Siga la corriente a través de sus bancos de verde musgo y flores silvestres hasta que su curso se ensanche y se escurra a través de lechos de menta que crezca con aromática profusión, ondeando suavemente en la brisa veraniega. Reúna los más tiernos y dulces brotes y llévelos delicadamente a casa. Vaya al aparador y seleccione una licorera con Bourbon de Kentucky destilado por una mano maestra, suavizado por la edad, pero todavía vigoroso e inspirador. Un ancestral cuenco de azúcar, una hilera de copas de plata, algunas cucharas y algo de hielo y ya está listo para comenzar.

En una bolsa de lienzo, machaque hielo en cantidad tal que doble a la que piense que va a necesitar. Tórnelo tan fino como la nieve, manténgalo seco y no permita que degenere en aguanieve.

En cada copa, ponga una cucharadita ligeramente colmada de azúcar granulado, cúbralo apenas con agua de manantial y maje ligeramente una hoja de menta dentro de esta, dejando la cuchara en la copa. A continuación, vierta elixir de la licorera en las copas hasta llenarlas aproximadamente un cuarto. Llene las copas de níveo hielo, espolvoreando una pequeña cantidad de azúcar a medida que lo haga. Seque el exterior de las copas con un paño y adórnelas copiosamente con menta.

Llega entonces la delicada e importante operación del glaseado. Mediante una adecuada manipulación de las cucharas, los ingredientes circulan y se mezclan hasta que la naturaleza, deseosa de desempeñar un papel más activo y añadir a la receta otro de sus bellos fenómenos, recubre el conjunto con una centelleante costra de blanca escarcha; así, armoniosamente mezclados con los diestros toques de una mano habilidosa, obtiene usted una bebida sumamente apropiada para hombres honorables y mujeres hermosas.

Cuando todo esté listo, reúna a sus invitados en el porche o en el jardín, donde el aroma de los julepes se elevará hacia el cielo y hará cantar a los pájaros. Proponga un brindis digno, levante las copas hasta sus labios, entierre la nariz en la menta, inhale una profunda bocanada de su fragancia, tome un sorbo… ¡y saboree el néctar de los dioses!

Vencido por la sed, no me es posible escribir más.

Sinceramente, el teniente general S.B. Buckner, Jr., del curso de 1906 en el IMV.



Notas:

1 Instituto Militar de Virginia.
2 Confederación de Estados del Sur.

29 nov. 2010

Ñoquis de calabaza


Esta es una receta que tenía guardada mi madre; me pidió que le hiciera una fotocopia para enviársela a su hermana, que vive en Lille (Francia). Me enternecen estas cosas de mi madre, tan del siglo pasado: hacer una fotocopia de una receta para enviársela por correo a su hermana que vive a más de 1200 kilómetros. El caso es que la receta me ha llamado la atención, así que la he digitalizado y traducido. Ya que estaba...

Ñoquis de calabaza
4 raciones
Preparación: 40 min
Tiempo de cocción: 35 minutos


Ingredientes:

  • 1 kg de calabaza
  • 150 g de harina
  • 2 huevos
  • 100 g de parmesano
  • 100 g de queso Comté o Appenzell
  • 50 g de mantequilla
  • sal, pimienta

Preparación:
  • Precaliente el horno a termostato 6 (180 ºC).
  • Pelar el trozo de calabaza. Cortar la pulpa en cubos. Póngalos en una bandeja para hornear con 3 cucharadas de agua y hornéelos durante 20 minutos.
  • Rallar el queso.
  • Triture la calabaza cocida con un tenedor. Añada sal y pimienta, agregue los huevos, la harina y el queso parmesano. Mezcle durante un buen rato hasta conseguir una masa que no se pegue a los dedos. Añada un poco de harina si es necesario.
  • Tome una bola de masa. En una superficie ligeramente enharinada, hágala rodar con los dedos para formar un largo rollo de aproximadamente 1 cm de diámetro. Corte en trozos de 3 cm de largo; luego, apriete ligeramente con los dientes de un tenedor para crear las típicas estrías. Repita esta operación con toda la masa. Reserve los ñoquis sobre una superficie enharinada, sin superponerlos, durante al menos dos horas.
  • Poner a hervir 2 litros de agua en una olla, añadiendo sal. Sumergir las bolas de masa, cocinándolas a fuego lento 10 minutos, y escurrir. Proceda por tandas de unos pocos cada vez, para que no se peguen entre sí.
  • Fundir la mantequilla en una cacerola y poner los ñoquis a calentar 5 minutos, revolviendo con cuidado. Se sirven calientes, espolvoreados con queso Comté o de Appenzell, o como acompañamiento de carnes asadas o aves de corral.

Receta: Pascale Mosnier
Traducción: Jean Mallart

Enlaces de Wikipedia sobre los quesos mencionados en la receta:

http://es.wikipedia.org/wiki/Comté
http://es.wikipedia.org/wiki/Appenzeller

Nota de Jean Mallart: En toda receta francesa ha de haber un elemento de chovinismo. :-)) Si no encuentras Comté, vale un parmesano o un manchego curado. El suizo Appenzell se puede sustituir por un buen queso de vaca semicurado de la marca o D.O. que prefieras.

1 oct. 2010

Pollo con paprika a la húngara, versión «impostada»


Inspirado por el gran Falsarius Chef, se me ha ocurrido una manera de simplificar esta receta con un resultado prácticamente idéntico. Y qué menos que compartirlo con vosotros. Para los muy vagos o para los que quieran "engañar" a algún invitado incauto (¡ah, el placer de colársela a un gourmet con una preparación de quince minutos a base de latas...!).



Ingredientes (para tres personas):
  • 50 gr de mantequilla.
  • Una bandeja de pollo adobado del súper, del que va ya troceado para hacer brochetas.
  • Un bote de Fritada de Mercadona, marca Hacendado. Una maravilla, soy fan suyo en Facebook, para que os hagáis una idea.
  • 1/4 litro de nata para cocinar (de la espesa).
  • Un limón.
  • Dos cucharadas soperas (rasas) de pimentón dulce.
  • Un vaso de caldo de pollo.
  • Dos cayenas.

Utensilios:
  • Una olla a presión rápida (si no es olla rápida, doblar el tiempo de cocción).
  • Una cuchara de madera bien larga.

Lo primero es preparar la crema agria. Exprimimos el limón y vertemos su jugo dentro de la botellita de nata espesa (podemos quitar un poco para hacernos un carajillo con nata más tarde si no hay sitio para el zumo), cerramos la botellita, le damos unos buenos meneos con ritmo caribeño (con la tapa puesta, ojo) y lo metemos en la nevera.

A continuación, echamos la mantequilla en la olla y la fundimos a fuego lento. Cuando esté fundida sacamos el pollo de la bandeja y lo echamos en la olla, rehogándolo bien junto con las cayenas, a fuego medio. Cuando las presas de pollo estén bien marcadas, agregamos el caldo, quitamos las cayenas y echamos dentro el contenido de la lata, removemos todo bien y volvemos a cerrar, cociendo durante 8 minutos.

Recordad que el tiempo de cocción en una olla a presión se cuenta desde que la válvula pita; transcurrido el tiempo de cocción, se apaga el fuego, se aparta la olla del fogón y no se abre hasta que la presión haya menguado lo suficiente. La seguridad, ante todo. Si tenéis prisa podéis poner la olla bajo el grifo de agua fría (abierto, naturalmente), darle una ducha fría o sumergirla en el río Jordán, aunque es una práctica desaconsejada por la mayoría de los fabricantes.

Además, si tu olla a presión no es de las rápidas (capaces de resistir más temperatura y presión que las ollas a presión convencionales), debes doblar el tiempo de cocción.

Finalizada la misma, echamos el pimentón, mezclamos, sacamos de la nevera la botellita de nata espesa —que con el limón y el frío se habrá convertido en una estupenda crema agria—, le damos otro par de meneos, vertemos su contenido en la olla, le damos unas cuantas vueltas para mezclarlo todo bien y dejamos que la mezcla se caliente de nuevo a fuego lento, todo ello sin dejar de remover. Cuando veas que hace chup-chup ya te lo puedes zampar.

Unos fetuccini para acompañar y... voilà!, das el pego perfectamente. ¡Que aproveche!

Pollo con paprika a la húngara


Este plato es uno de los más famosos de la rica gastronomía húngara, probablemente el que más junto con el pörkölt (conocido internacionalmente como goulasch, que no es más que un nombre genérico para los estofados). No es un plato difícil de cocinar (desde luego resulta más fácil y rápido de preparar que el "pörkölt") y resulta muy sabroso... Eso sí, engorda una barbaridad. Avisados estáis.

Para dar de comer a cinco personas (o a tres como yo) necesitaremos un pollo troceado en presas, es decir, en trozos que, una vez cocinados, se puedan meter fácilmente en la boca para su consumo. También necesitaremos manteca de cerdo, crema agria, cebolla, tomate, pimiento, calabacín, sal, unas cayenas y paprika del bueno, dulce y picante (mejor si es auténtico paprika húngaro, claro, pero un buen pimentón de la Vera o de Murcia servirán igualmente). La calidad del rojo condimento es fundamental, nada de pimentones viejunos que han perdido hasta el color o mierdas industriales con colorante.

En cuanto a la crema agria, si no dispones de ella puedes usar crème fraîche, que es similar, mezclada con un yogur natural.



Ingredientes (para unas cinco personas):
  • 100 gr de manteca de cerdo.
  • Un pollo troceado en presas.
  • Una cebolla grande.
  • Un pimiento rojo.
  • un pimiento verde.
  • Un calabacín joven (de menos de 20 cm, los llamados “minicalabacines”). Mi toque personal.
  • Un bote mediano de tomate troceado.
  • 1/2 litro de crema agria.
  • Tres cucharadas soperas (rasas) de paprika dulce (édes-nemes) o pimentón dulce.
  • Una cucharada sopera de paprika picante (csípős) o pimentón picante.
  • Un vaso de caldo de pollo.
  • Tres cayenas.
  • Sal.

Utensilios:
  • Lo ideal es una cazuela de barro grande. Si no, una sartén de hierro forjado (de las gruesas) o una buena olla para estofados.
  • Un cuchillo de chef bien afilado.
  • Una cuchara de madera.
  • Una espumadera.

Lo primero es trocear toda la verdura, excepto el pimiento verde, en macedonia (dados de unos 4 mm), cada una por separado; el calabacín, con su piel (al ser joven, no tendrá en su interior nada que sea necesario retirar; si no me hacéis caso y usáis un calabacín ya grandecito, cosa que no recomiento en absoluto, tendréis que quitar antes el interior esponjoso y no recomiendo dejar la piel; en fin, allá vosotros). El pimiento verde lo cortaremos en aros finos.

Pondremos la cazuela a fuego medio/bajo (nunca a fuego fuerte, que puede cascar) y echaremos la manteca de cerdo. Cuando haya echado toda la grasa bajaremos el fuego al mínimo, retiraremos el posible residuo y añadiremos el pimiento (el rojo en macedonia y el verde en aros). Iremos rehogando poco a poco con ayuda de la cuchara de madera. Cuando esté medio hecho echaremos la cebolla y seguiremos rehogando hasta que ésta se vuelva transparente. Por último añadiremos el calabacín, que es lo que menos tarda en hacerse. Una vez pochado todo, retiraremos la verdura en un plato escurriéndola bien con la espumadera, y echaremos el pollo en la cazuela, con las cayenas. Lo marcaremos bien, hasta que quede doradito, y añadiremos el caldo de pollo y el tomate. Habrá que estar muy atento, removiendo de vez en cuando, para que no se pegue nada y el tomate se haga correctamente.

Se debe cocinar a fuego lento, especialmente si cocinamos con barro, para que el pollo vaya estofándose y soltando sus jugos. Cuando el tomate haya perdido una parte significativa de agua retiraremos las cayenas y volveremos a echar la verdura pochada que habíamos reservado, mezclando todo. Una vez guisado el pollo, añadiremos el paprika o pimentón, lo removeremos bien y añadiremos la crema agria, dejándolo el tiempo justo para que vuelva a calentarse toda la preparación.

Generalmente este plato va acompañado con pasta y a menudo se sirve con gnocchi, pero también le van bien las patatas y se puede servir con arroz, cous-cous u otras preparaciones por el estilo, ricas en carbohidratos. Yo lo puse hace poco con spaghetti alla carbonara y ambos platos casaron de maravilla:


Para beber, un vino tinto juguetón.

22 sept. 2010

Pasta a la carbonara


La preparación italiana conocida como «carbonara», que yo siempre he asociado con el regusto a carbón que deja la panceta ahumada que usaba mi madre en su receta, aunque no tenga nada que ver en realidad, tiene un origen incierto. Se especula con que fueron unos carboneros de la zona de los Apeninos quienes empezaron a cocinarla y que de ahí venía el nombre, pero no es seguro. Se sabe que es antigua, al menos dos siglos, y que sufrió una evolución radical a raíz de la llegada de los militares norteamericanos a Italia en la Segunda Guerra Mundial, que le añadieron el bacon y los huevos. (Qué sería de los estadounidenses sin huevos y bacon, ¿eh?) La cebolla y el queso aparecieron luego en la receta, con su internacionalización. La nata seguramente se añadió en Francia. Y así. A veces hasta le añaden guisantes (hay gente pa' to').

Total, que hay dos carbonaras: una sencilla y primaria, ancestral, bastante aburrida; otra internacional, deliciosa, sabrosa, que alimenta por sí sola convirtiendo al plato de pasta en una comida completa, con los hidratos de carbono de la pasta, las proteínas del bacon, los huevos, el queso y la nata, las grasas del bacon, la nata y el queso, la fibra de la cebolla...

Aquí vamos a preparar la segunda, la carbonara internacional, que se suele servir con pasta larga (spaghetti, sobre todo). Es bastante fácil.

    Ingredientes:


  • Cebolla muy picada (una cebolla mediana, entre 75 y 100 gramos, por persona)
  • Yemas de huevo (una por persona)
  • Bacon o panceta en daditos (no importa si es ahumada o normal, yo suelo usar la ahumada, en daditos de tres o cuatro milímetros de arista)
  • Nata para cocinar (unos 40 cl por persona)
  • Pimienta negra
  • Queso curado rayado en polvo (parmesano o pecorino; yo uso casi siempre manchego bien curado, va de vicio).
  • Albahaca picadita, fresca o seca (mi toque personal)

Yo la hago así: echo panceta ahumada bien picadita en la sartén, a fuego medio, y voy rehogando para que vaya soltando grasa; no suelo usar otra grasa que la propia de la panceta; si no es suficiente, echo un poquito de mantequilla. Luego añado cebolla bien picada y sigo rehogando, atento para que la cebolla se haga sin dorarse. Cuando la cebolla está lista, bajo el fuego y echo un poco de vino blanco. Dejo que se evapore el alcohol (muy importante) y añado un chorro de nata fría, lo mezclo y añado una yema de huevo, que mezclo rápidamente. Espolvoreo queso parmesano, pimienta negra molida, un poco de albahaca, lo mezclo todo y lo vierto en la pasta, que aguarda recién cocida y escurrida en una fuente. Unos meneos y al plato.

Aunque se suele preparar con pasta larga, como ya hemos dicho, admite otras clases de pasta, aunque no la recomiendo con las cortas de talla muy pequeña (chiocciole, por ejemplo) porque se puede empastar. Yo la he servido con farfalle y con gigli, por ejemplo, y quedan muy bien.

Gigli alla carbonara


6 ago. 2010

Tarta de queso


Mi tarta de queso es sumamente fácil de hacer. Podéis encontrar decenas de variaciones de la misma receta en otros sitios; por algo será. Lo único que yo he hecho es ir variando las proporciones hasta dar con la receta que a mí me gusta más, y añadir un toque local (soy de Cantabria y en algo se tiene que ver). Creo que los que la han probado han quedado más que satisfechos.

Tiempo de preparación: 2 h y 30 min, aproximadamente; la mitad del tiempo es dejar enfriar fuera del horno y en la nevera para que termine de hacerse.

Dificultad: Está tirado; hasta un alpha primitivo podría hacerlo.

Ingredientes:

Queso fresco para untar: 1/3 kg

Quesuco de Guriezo: 100 g


Huevos medianos: 4

Azúcar: 150 g

Nata líquida para cocina, espesa: 3/4 l

Ron moreno: 100 cl

Galletas digestivas: Un paquete y medio

Mantequilla (dulce): 100 g

Mermelada de grosellas: 100 g

La mantequilla debe estar blandita, así que recomiendo sacarla de la nevera con bastante antelación. Hace poco hice esta tarta en casa de mi amigo Nacho y utilicé una mantequilla especial que enseguida se pone blanda para poder untarla con facilidad; fue una buena idea.

Instrumental:

Hay que triturar las galletas y mezclar líquidos. Si tenéis una Thermomix, sería lo ideal. Si no, cualquier robot de cocina similar, capaz de moler y batir. Y si no, una batidora y un mortero. O un tenedor, aunque así puedes acabar con una tendinitis. Una piedra, una prensa hidráulica o una apisonadora son opciones que yo, en principio, descartaría.

Además, necesitaréis un bol grande (si no tenéis Thermomix o similar; cualquier recipiente donde podáis meter la batidora servirá), un batidor de varillas, un horno, una fuente para horno (de tamaño y profundidad adecuados, vamos a verter un litro de mezcla en ella) y papel antiadherente.

En lugar de la fuente y el papel podéis usar un molde o recipiente antiadherente para horno; el papel tiene la ventaja de que la fuente apenas se mancha y resulta facilísimo extraer y manipular la tarta después del horneado.

Procedimiento:
  1. Poned el horno a precalentar a 180º C.

  2. Triturad las galletas; cuanto más, mejor. Lo ideal sería obtener un polvo pero, si esto no es posible, bastará con una gravilla fina.

  3. Mezclad la galleta molida con la mantequilla hasta formar una masa blanda pero manejable (que no se escurra entre los dedos, vaya). Es aconsejable tener más galleta y mantequilla a mano, pues hay que cubrir el fondo de la fuente con un espesor de 3 o 4 mm y, dependiendo del tamaño de la fuente, podríamos quedarnos cortos.

  4. En mi caso, uso una fuente rectangular de acero inoxidable y papel antiadherente; corto el papel a medida para que, al cubrir con ello el fondo de la fuente, sobresalga de sus paredes lo suficiente para poder sujetar los bordes del papel a la hora de extraer la tarta ya horneada. Desde que descubrí el papel antiadherente ya paso de untar ningún molde con mantequilla. Luego comienzo a extender la masa de galleta y mantequilla por todo el fondo. Esto ayuda a colocar el papel en su sitio. Si buscáis la perfección podéis plegarlo antes en los rincones de modo que el papel sobrante quede «por fuera», pero no es realmente necesario. En realidad, es una frikada.


    Por supuesto, siempre que tengo tiempo me paso un rato haciendo origami culinario y tengo una plantilla-guía para tal fin. Sí, estoy enfermo.

  5. Hornear la base a 180º C durante 10 min.

  6. Mientras transcurren esos 10 minutos, nos dará tiempo a hacer la mezcla. El orden de adición de los ingredientes al bol es importante, por razones de bioquímica que a) no tengo ganas de explicar o b) ignoro completamente: Primero, los huevos (sin cáscara, por favor). Batidlos unos segundos con las varillas y añadid el azúcar. Mezclad con las varillas y añadid el ron. Mezclad con las varillas y añadid el queso para untar y el quesuco de Guriezo cortado en trozos pequeños.

  7. Batir hasta que no quede el mínimo grumo.

  8. Añadir la nata líquida.

  9. Batir.

  10. Sacar la base del horno y subir la temperatura a 200º C.

  11. Verter con cuidado la mezcla en la fuente, sobre la base ya horneada.

  12. Hornear a 200º C durante una hora y cuarto, vigilando durante los últimos minutos para que la superficie se tueste pero no se ennegrezca en ningún sitio.

  13. Una vez horneada la tarta, hay que dejarla fuera del horno, enfriándose hasta alcanzar la temperatura ambiente. Veréis que el contenido está temblón; es normal a esa temperatura. Irá quedando más sólida a medida que se enfríe.

  14. Una vez que esté a temperatura ambiente, la introduciréis en la nevera para que termine de cuajar.

  15. Una vez fría y cuajadita, podéis sacarla fácilmente de la fuente a una tabla o bandeja de servir, recortar el papel sobrante, cubrir con la mermelada (en casa siempre tenemos varias clases de mermelada casera, gracias a Mamá Mallart) y cortar en porciones para servir.

¡A disfrutar del postre!



Fotos: Fran J. Cousillas (detalles)


Foto: JM MAC/VANJAV (detalle)