14 feb. 2012

Ritual del julepe de menta


La lectura de la novela de aventuras Escuela de Robinsones, de Jules Verne, en la que el náufrago profesor Tartelett recuerda con añoranza los cocktails que solía degustar en las barras de su querida San Francisco, me ha llevado a interesarme por uno en concreto: el julepe de menta, y al descubrimiento —si cabe, tan delicioso como el propio brebaje—, de esta sabrosa receta escrita en 1937 con el estilo risueño, elegante y ligeramente zumbón típico de los caballeros del Sur como Mr. Simón Bolívar Buckner, su autor, un destacado militar estadounidense que falleció, desgraciadamente, durante la batalla de Okinawa en 1945, mientras comandaba a las fuerzas terrestres encuadradas en el X Ejército de los EEUU, convirtiéndose así en el oficial de EEUU de más alto rango muerto en combate durante la II Guerra Mundial.

Me ha agradado tanto el humoroso estilo del teniente general Buckner que no he podido sino traducir la carta y compartirla en este blog. Espero que os guste.



Esta es una copia de una carta del teniente general Simón Bolívar Buckner, Jr., de los EEUU (IMV1 -1906, West Point -1908, muerto en Okinawa el 18 de junio de 1945), al Mayor General Wm. D. Connor, superintendente de la Academia Militar de los EEUU en West Point, fechada el 30 de marzo de 1937. Su padre, el general Simón Bolívar Buckner, estuvo al mando de patriotas de la CES2 de Kentucky [durante la Guerra de Secesión].

Mi querido General Connor:

Su carta solicitando mi fórmula para combinar julepes de menta me deja en la misma posición en la que el capitán Barber se encontró cuando se le preguntó cómo fue capaz de tallar la imagen de un elefante a partir de un bloque de madera. Dijo que era un proceso simple, consistente simplemente en retirar la parte de la madera que no se parecía a un elefante. (!)

La preparación de la quintaesencia de las bebidas para caballeros puede ser descrita sólo en términos similares. Un julepe de menta no es el producto de una fórmula. Se trata de una ceremonia y debe ser realizada por un caballero que posea un verdadero sentido de lo artístico, una profunda reverencia por los ingredientes y una apreciación adecuada de la ocasión. Es un rito que no debe ser confiado a un novato, ni a un estadístico, ¡ni a un yanqui! Es una herencia del Viejo Sur; un emblema de hospitalidad y un vehículo en el que las mentes nobles pueden viajar juntas por los floridos caminos de un pensamiento feliz y cordial.

Por lo que a la simple mecánica de la operación se refiere, el procedimiento, despojado de sus adornos ceremoniales, puede describirse como sigue:

Vaya a un manantial donde el agua fresca y cristalina bulla por debajo de una ribera de helechos cubiertos de rocío; en una vasija consagrada, vierta un poco de agua de la fuente. Siga la corriente a través de sus bancos de verde musgo y flores silvestres hasta que su curso se ensanche y se escurra a través de lechos de menta que crezca con aromática profusión, ondeando suavemente en la brisa veraniega. Reúna los más tiernos y dulces brotes y llévelos delicadamente a casa. Vaya al aparador y seleccione una licorera con Bourbon de Kentucky destilado por una mano maestra, suavizado por la edad, pero todavía vigoroso e inspirador. Un ancestral cuenco de azúcar, una hilera de copas de plata, algunas cucharas y algo de hielo y ya está listo para comenzar.

En una bolsa de lienzo, machaque hielo en cantidad tal que doble a la que piense que va a necesitar. Tórnelo tan fino como la nieve, manténgalo seco y no permita que degenere en aguanieve.

En cada copa, ponga una cucharadita ligeramente colmada de azúcar granulado, cúbralo apenas con agua de manantial y maje ligeramente una hoja de menta dentro de esta, dejando la cuchara en la copa. A continuación, vierta elixir de la licorera en las copas hasta llenarlas aproximadamente un cuarto. Llene las copas de níveo hielo, espolvoreando una pequeña cantidad de azúcar a medida que lo haga. Seque el exterior de las copas con un paño y adórnelas copiosamente con menta.

Llega entonces la delicada e importante operación del glaseado. Mediante una adecuada manipulación de las cucharas, los ingredientes circulan y se mezclan hasta que la naturaleza, deseosa de desempeñar un papel más activo y añadir a la receta otro de sus bellos fenómenos, recubre el conjunto con una centelleante costra de blanca escarcha; así, armoniosamente mezclados con los diestros toques de una mano habilidosa, obtiene usted una bebida sumamente apropiada para hombres honorables y mujeres hermosas.

Cuando todo esté listo, reúna a sus invitados en el porche o en el jardín, donde el aroma de los julepes se elevará hacia el cielo y hará cantar a los pájaros. Proponga un brindis digno, levante las copas hasta sus labios, entierre la nariz en la menta, inhale una profunda bocanada de su fragancia, tome un sorbo… ¡y saboree el néctar de los dioses!

Vencido por la sed, no me es posible escribir más.

Sinceramente, el teniente general S.B. Buckner, Jr., del curso de 1906 en el IMV.



Notas:

1 Instituto Militar de Virginia.
2 Confederación de Estados del Sur.

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